No soy lector de best sellers. Reconozco que desde que me gusta leer me he dejado llevar por ese prejuicio. Supongo que algo me he tenido que dejar en el camino: el 17 de junio de 2005, a las cinco de la tarde y con 40 grados a la sombra, sólo había dos personas en la calle Sierpes de Sevilla. Una era yo, camino de la joyería donde desde hacía años esperaba el regalo preparado para mi mujer con motivo del nacimiento de nuestro primer hijo. La otra persona era una chica que, de pie, apoyada sobre la pared, no podía apartar los ojos de un libro, 'El Código DaVinci'. En aquel momento pensé que algo tenía que tener para fascinar de esa forma. Luego, la experiencia no ha sido precisamente positiva y recuerdo como perdidas las horas dedicadas a leer libros que al final han acabado siendo poco más que sombra y viento.
Toda esta explicación viene a cuento por el hecho de que hubiera sido muy improbable que, ya antes de publicarse en español, leyera un libro de Stephen King, a pesar de que me han gustado mucho algunas de las películas basadas en ellos. Sin embargo, su última novela, '11/22/63' tenía ingredientes suficientes como para animarme a leerlo.
Jake Epping, un profesor de literatura de mediana edad, cansado de su vida, divorciado de una mujer alcohólica que le reprocha tener 'un gradiente emocional inexistente', descubre a través del dueño del bar en el que recala a veces que hay un portal en el tiempo, una de esas estructuras con la que tanto disfrutan especulando los teóricos de la mecánica cuántica y la teoría de las cuerdas. A través de este 'rabbit hole' (a ver cómo se las ingenia el traductor al español para pasar este término, porque 'madriguera' no me suena mucho y la traducción literal se las trae) se llega directamente al 9 de septiembre de 1958 a las 11:58 horas de la mañana.
El viaje tiene una serie de reglas: en primer lugar siempre es de ida y vuelta, aunque puedes volver tantas veces como quieras pero, eso si, volverás otra vez al mismo día y la misma hora y, en segundo lugar, todo lo que hayas hecho en tu viaje anterior, con todas sus consecuencias, se habrá borrado, reseteado a sus estado original. Por último, cuando vuelves, en 2011 sólo han pasado dos minutos.
Al Templeton, el dueño del bar, enfermo terminal de cáncer de pulmón, lo convence para que haga el viaje y cambie la historia: seguir los pasos de Lee Harvey Oswald y evitar que mate a Kennedy. De camino, averiguar si es cierta la teoría del 'tirador solitario' frente a las diversas teorías conspiratorias que desde aquel nefasto día fueron surgiendo. Al hombre no le faltan buenas intenciones. Del hecho de que el 22 de noviembre del 63 Kennedy no muriera le ha de seguir por fuerza que L.B. Johnson no llegue a la presidencia, que Martin Luther King y Robert Kennedy no mueran abatidos por asesinos, que no se llegue a la matanza de Vietnam, los enfrentamientos raciales, etc, etc. Para ello ha hecho bien sus deberes. Ha elaborado un dossier con todos los pasos del asesino. Aquellos que se conocen por la investigación policial y periodística tras el magnicidio y los que ha podido recopilar de primera mano, estando allí en sucesivos viajes.
Sin embargo, lo que al principio mueve a Epping a atravesar el portal no es cambiar el curso de la historia, sino el destino de Harry Dunning, uno de sus alumnos de un curso para adultos que, en su trabajo final, relata cómo de pequeño su vida cambió dramáticamente el día que su padre decidió entrar en su casa armado con un martillo pilón.
El motivo, en principio, nos llama la atención si nos creemos la definición que de Epping daba su ex esposa. Pero lo cierto es que, sabiendo de antemano lo que va a ocurrir en casa de ese chaval a finales de los cincuenta, decide evitarlo por la vía directa. El problema es que no sabes qué consecuencias tendrá en el futuro evitar una masacre en una familia y Epping sí lo descubre en cuanto regresa de ese viaje. Y no es precisamente alentador.
Aún así, decide volver para llevar a cabo el gran plan. Sólo que para cuando llega, Oswald está todavía en el cuerpo de Marines de USA y su trayecto debía aún ser largo hasta coincidir con Jack Kennedy en la plaza Dealey de Dallas: un año más en el ejército, casi tres años en la Unión Soviética, boda con Marina Prusakova y regreso a USA donde va de aquí para allá en trabajos poco cualificados y viviendo en barrios pobres, haciendo propaganda procastrista y deseando irse a Cuba.
Todo ese tiempo lo ha de llenar Epping (que ha decidido cambiar su nombre por el de George Amberson), y qué cosa mejor que hacer que lo que ya hacía en 2011? Así que se pone a dar clases en un instituto de pueblo y a dirigir obras de teatro con sus alumnos. Y de paso enamorarse de Sadie, una bibliotecaria alta, guapa y desgarbada, cuyo ex marido es otro de los malos de la novela. Y cuando llega el momento de seguir los pasos de Oswald, hacerlo de lejos, pues la más mínima interacción con él podría cambiar todo el curso de los acontecimientos.
Es aquí donde tiene lugar la parte central del libro, la más extensa y para mi gusto la menos interesante. Es cierto que le sirve a King para hacer un relato muy documentado de la vida en USA de aquellos tiempos: los olores y sabores, el humo del tabaco, la falta de control en materia ambiental, los coches, las carreteras, las casas' y las actitudes. La violencia doméstica, personificada en el padre de Dunning, el propio Oswald y en el marido de Sadie, que protagoniza la escena más dura del libro. Es cierto, también, que le sirve al autor para apoyar una de las teorías del libro, la de los armónicos: cada acto malvado está en relación con otro. No existen las coincidencias, es como una máquina con enormes engranajes. Sin embargo, creo que si la hubiera acortado la novela no hubiera perdido en calidad.
El tema del viaje en el tiempo y de paso poder cambiar la historia es tremendamente atractivo. Como lo han sido siempre las ucronías y las implicaciones de lo que se conoce como 'la paradoja del abuelo' y el efecto mariposa: las consecuencias que tendría en el futuro no digamos una acción mayor, como en este caso evitar la muerte de un presidente de USA, sino el más nimio de los actos. Desde 'La máquina del tiempo' de H.G. Wells a 'El sonido del trueno' de Ray Bradbury 'citado por King en un delicioso pasaje en el que Epping trata de explicar a Sadie de qué se trata lo del efecto mariposa- han sido innumerables las obras literarias que lo han abordado. En España una novela hoy casi olvidada, pero que fue Premio Planeta 1976 'En el día de hoy' de Jesús Torbado, planteaba la situación de que en 1939 fueran las fuerzas leales a la República las que ganaran la Guerra Civil.
Es la gran pregunta de '¿Qué hubiera pasado si'?', que al final no es más que preguntarse sobre la libertad, la memoria, la pérdida. Nos llevamos toda la novela preguntándonos si al final Jake/George evitará que Oswald dispare a Kennedy. Y si es así, si habrá otro tirador que consume la tarea. Y King se lleva todo el tiempo dándonos pistas: 'El pasado es muy terco' repite una y otra vez y al final, como en las películas antiguas, es el amor el que puede vencer la marcha inexorable de los engranajes de la máquina.