Descripción del producto
Los mejores momentos de un barco es cuando lo compras y cuando por fin lo vendes, dijo un hombre sabio.
Despues de doce años "disfrutando" del mundo de la vela en compañia de tres hijos, un perro y dos hamsters, luchando con empanadas y tortillas de patatas en una cocina tamaño tocadar de Barbie. Doce años aprendiendo nombres extraños para cosas sencillas.
Al fin conseguimos vender el barco y ese día super que el hombre sabio era muy sabio.
Este libro cuanta la historia de unas vacaciones lamentables vividas por dos casi amigos, José Carlos Casamitjana y Miquel Rovira.
Le dí forma de novela solo por disimular.
Despues de doce años "disfrutando" del mundo de la vela en compañia de tres hijos, un perro y dos hamsters, luchando con empanadas y tortillas de patatas en una cocina tamaño tocadar de Barbie. Doce años aprendiendo nombres extraños para cosas sencillas.
Al fin conseguimos vender el barco y ese día super que el hombre sabio era muy sabio.
Este libro cuanta la historia de unas vacaciones lamentables vividas por dos casi amigos, José Carlos Casamitjana y Miquel Rovira.
Le dí forma de novela solo por disimular.
Biografía del autor
Lo primero que llama la atención de mi persona, es mi nombre. Llevar encima un nombre como este no es fácil, a lo largo de mi vida he tenido que compartirlo con: cervezas, perros, yeguas, gatas, productos de limpieza, libretas de ahorros, cerdos, y hasta elefantes. El destino quiso que me llamase Estrella mucho antes de nacer. En cuanto nacio mi hermano mayor ya se sabía que tarde o temprano llegaría yo, Estrellita. Pero lo mío fue más bien tarde, tanto que los pillé de sorpresa, de otra forma no se entiende que a día de hoy no sepa, qué día nací. Mis hermanos los únicos testigos vivos de aquel evento, solo recuerdan que aquel día no fueron al cole. Con los setenta, llegaron las flores, los porretes, las melenas, los pantalones de pata de elefante que se decía entonces, las chiruquillas porque una en es del poble sec y allí no llegaban los sebagos ni a los shetland de cuello redondo, eso era de Diagonal para arriba. Mientra yo perdía el norte, los ideales y la inocencia mi padre perdía el negocio y así fue como por necesidad acabé siendo aquello que siempre dije que jamás sería. Secretaria de un arquitecto primero, del director de una editorial con mas letras por pagar que impresas y de un ingeniero hasta que un buen dia aterricé en la administración. Cuando quise darme cuenta era madre de tres hijos y secretaria de un alto cargo; no recuerdo si por aquel entonces ya había plantado algún árbol, lo que sí hice fue escribir un libro. Y otro, Y otro. Y no te rías que hasta me los publicaron y hubo quién los compró.Despues se produjo una profunda laguna temporal, provocada principalmente por: a) diferencias insalvables con mi editor respecto al cobro de los derechos de autor, una manía muy común entre los escritores, y b) el tránsito de tres adolescencias simultáneas, que para quien no lo haya vivido pues no sabrá de que le hablo pero vamos que cuando te das cuenta te han pasado diez años por encima y tienes la cabeza llena de canas, es si aun tienes cabello. Aparte de estas cosas, se hacer punto de cruz, (ahora no tanto por aquello de las gafas) cortar el césped, dibujar, pasar el aspirador, coser bajos de pantalones, (bueno, eso me da mucha rabia), pintar paredes, usar la Black&Decker, hacer mortero y tengo una cierta gracia para la cocina. Atentamente Una estrella con piernas.
