La idea es muy buena, pero tiene un par de problemas.
Lo mejor: la comodidad de que el soporte esté siempre presente y no moleste, con lo que en cualquier momento se puede colocar el teléfono, además, de manera muy rápida.
Lo peor: el adhesivo se pierde con rapidez y hay que estar constantemente humedeciendo la superficie. Después de un tiempo de uso, ni siquiera lavándolo con agua y jabón queda como cuando nuevo. Otro aspecto negativo es que "arranca" las tapas traseras de los smartphones modernos, lo que hace que sea bastante incómodo retirar el teléfono.