Verdaderamente resulta difícil explicar no ya el éxito planetario de este libro, sino el que fuera publicado. El vocabulario es de tal pobreza, los diálogos son tan forzados y artificiales, las situaciones son tan repetitivas y los personajes son tan descerebrados que cuesta trabajo creer que en la editorial no lo arrojasen directamente a la papelera. Fijémonos en la heroína, esa joven de inquietos incisivos que no cesa de mordisquearse el labio mientras repite "Uau" tres veces en cada párrafo. Admiremos a Christian Grey, fusión de las fantasías de tres o cuatro quinceañeras: guapo, rico, joven, con un pasado y un presente tormentosos y listo para ser redimido por la primera jovencita bienintencionada que se cruce en su camino. Si me dijeran que este libro lo ha escrito una adolescente con la mente algo calenturienta todavía lo consideraría aceptable para un concurso del Instituto. Pero resulta que no, que la garrapateadora de papeles en cuestión tiene ya cierta edad y experiencia en las cosas de la vida. Asombroso. Aún me pregunto si lo ha hecho adrede y en secreto sonríe por su audacia al haber colado semejante bazofia a medio mundo. Incluyo al alma caritativa que me prestó el libro.
Como comedia involuntaria puede funcionar, porque escenas desternillantes hay unas cuantas, a gusto del consumidor. Las parodias han comenzado a circular, pero no son necesarias. El libro es la parodia.