Descripción del producto
Esta historia contiene muchas situaciones que a menudo se consideran tabú.
Estos elementos incluyen: sadomaso, ataduras, sexo forzado y varios otros.
No pretende ser una justificación del sexo forzado (violación) de ninguno de
los modos en que pueda aparecer.
La violación es un delito y en ninguna circunstancia puede tolerarse.
Sin embargo esto no impide que muchos hombres y mujeres tengan las llamadas "fantasías de violación".
Las "fantasías de violación" no significan el deseo de violar a alguien sino el deseo de ser forzado a tener trato sexual con alguien con quien, en todo caso, te gustaría ir a la cama.
Entretanto Paulo había vuelto al coche y se montó de nuevo.
"Bien, entonces ¿podemos seguir?", preguntó Diana.
"Pues sí", contestó Paulo.
Ella arrancó el motor y se pusieron en marcha otra vez.
Esta vez Diana escogió la autopista.
A pesar del tiempo cálido estaba muy tranquila, de modo que podía ir sin problemas a 140 Km/h.
Conocía esta parte de la autopista y sabía que había pocos controles, por tanto no corría riesgo de encontrarse con una multa.
Mientras tanto Paulo había sacado un bolígrafo de su mochila y se había puesto a trabajar con él.
Desde luego les estaba a disgusto, puesto que pretendían que les dedicara su tención, para poder seducirle.
"¿Me puedes prestar un momento el bolígrafo?" preguntó Silvia desde la parte de atrás del coche.
"Sí, claro" dijo él.
Ella recogió el bolígrafo y él volvió a guardar el cuaderno.
Un poco después Diana empezó a resoplar.
"¿ Tú también tienes calor?" le preguntó.
"Sí, hace un calor considerable en el coche", replicó.
Ella se había desabrochado algunos botones más de la blusa, de forma que ahora podía ver directamente sus pechos grandes y firmes.
Mientras, los rosados pezones de Silvia apuntaban hacia delante y parecían pequeñas gomas de borrar.
Vio satisfecha como él tragaba saliva un instante y enrojecía.
Él intentó ignorarlo y se puso a mirar por la ventanilla, pero al mismo tiempo ella podía ver que se había formado un gran bulto en sus pantalones.
Mientras él miraba un momento para otro lado ella tiró un poco hacia arriba de su falda muy corta, haciendo visible algo del vello oscuro de su húmedo monte de Venus.
Cuando él lo vio se quedó un instante sin aliento.
Se dio la vuelta esperando que Silvia no estuviera jugando a juegos tan extraños y también para apartar la mirada del seductor cuerpo de Diana.
Estos elementos incluyen: sadomaso, ataduras, sexo forzado y varios otros.
No pretende ser una justificación del sexo forzado (violación) de ninguno de
los modos en que pueda aparecer.
La violación es un delito y en ninguna circunstancia puede tolerarse.
Sin embargo esto no impide que muchos hombres y mujeres tengan las llamadas "fantasías de violación".
Las "fantasías de violación" no significan el deseo de violar a alguien sino el deseo de ser forzado a tener trato sexual con alguien con quien, en todo caso, te gustaría ir a la cama.
Entretanto Paulo había vuelto al coche y se montó de nuevo.
"Bien, entonces ¿podemos seguir?", preguntó Diana.
"Pues sí", contestó Paulo.
Ella arrancó el motor y se pusieron en marcha otra vez.
Esta vez Diana escogió la autopista.
A pesar del tiempo cálido estaba muy tranquila, de modo que podía ir sin problemas a 140 Km/h.
Conocía esta parte de la autopista y sabía que había pocos controles, por tanto no corría riesgo de encontrarse con una multa.
Mientras tanto Paulo había sacado un bolígrafo de su mochila y se había puesto a trabajar con él.
Desde luego les estaba a disgusto, puesto que pretendían que les dedicara su tención, para poder seducirle.
"¿Me puedes prestar un momento el bolígrafo?" preguntó Silvia desde la parte de atrás del coche.
"Sí, claro" dijo él.
Ella recogió el bolígrafo y él volvió a guardar el cuaderno.
Un poco después Diana empezó a resoplar.
"¿ Tú también tienes calor?" le preguntó.
"Sí, hace un calor considerable en el coche", replicó.
Ella se había desabrochado algunos botones más de la blusa, de forma que ahora podía ver directamente sus pechos grandes y firmes.
Mientras, los rosados pezones de Silvia apuntaban hacia delante y parecían pequeñas gomas de borrar.
Vio satisfecha como él tragaba saliva un instante y enrojecía.
Él intentó ignorarlo y se puso a mirar por la ventanilla, pero al mismo tiempo ella podía ver que se había formado un gran bulto en sus pantalones.
Mientras él miraba un momento para otro lado ella tiró un poco hacia arriba de su falda muy corta, haciendo visible algo del vello oscuro de su húmedo monte de Venus.
Cuando él lo vio se quedó un instante sin aliento.
Se dio la vuelta esperando que Silvia no estuviera jugando a juegos tan extraños y también para apartar la mirada del seductor cuerpo de Diana.
