Finalmente. Se acabó la saga más seguida de los últimos tiempos. Y me ha encantado.
En este séptimo libro, J. K. Rowling [JKR] tenía pendientes un montón de cosas, un montón de historias que cerrar. Durante las primeras páginas (más de 200), los acontecimientos van tomando forma, muy poco a poco, aunque con algunas escenas aventureras. Voldemort (aquél que no debe ser nombrado) es malo malísimo y está yendo a por todas, y se intuye que el final va a ser de órdago.
Y, de repente, los acontecimientos se precipitan. La segunda mitad del libro es altamente adictiva, todo va ocurriendo cada vez más y más deprisa hasta llegar a los momentos finales llenos de épica, creo yo que de las mejores páginas de toda la saga.
JKR tenía varios finales para elegir, y el que ha elegido me ha gustado mucho. Es todo lo que puedo decir. Hay algunas preguntas que quedan por responder al final del libro, y la autora las desvela en alguna entrevista que le han hecho.
Se nota claramente, igual que en los dos libros anteriores, la evolución de los protagonistas. En este libro Los tres amigos, que ya tienen diecisiete, sueltan tacos, por ejemplo, cosa que creo que no ocurría en los primeros libros. Creo que los personajes están bien dibujados, tratándose del tipo de libro que se trata. Hay algunas maniobras de diversión (tipo flashback) en mitad de acontecimientos importantes, pero son completamente necesarias. El relato es sencillo y fluido. En resumidas (y esdrújulas) cuentas: el séptimo y último es magnífico. En mi humilde opinión, la saga de Harry Potter será recordada por futuras generaciones como el equivalente a los Hollister, los Cinco, los Siete Secretos o los tres investigadores de Alfred Hitchcock, es decir, como el paso casi necesario para convertirse en lector cuando uno es niño/adolescente.