Antes de comenzar la lectura de "La pista de hielo" sería conveniente tener claro que Roberto Bolaño escribió su novela en 1993. El asunto no es trivial pues confiere al libro un valor añadido de gran magnitud.
Las cosas siguen tal como el autor denunciaba en sus relatos, más generalizado el conocimiento de desvíos de dinero público y asuntos turbios, ahí sí veremos el cambio.
Los personajes, muy definidos, están fatalmente marcados por las circunstancias y acaban convergiendo, cada uno con su destino a las espaldas, en la esperanza de una continuidad nada prometedora para la mayoría de ellos.