Pese a alguna objeción inicial, como el hecho de que el wifi se me desconectara al apagar la pantalla de la tablet (incluso teniendo la política de suspensión de Wifi activada en la opción "Nunca"), lo que solucioné sin mayor problema con el Advanced Wifi Lock, hoy me descubro ante mi Lenovo A1. Su acabado exterior es de calidad, de un tacto consistente, la pantalla exprime todo lo que sus 7 pulgadas pueden dar y la gestión de su RAM hace que salvo contadas excepciones tenga un rendimiento más que notable. Cada día le encuentro algo nuevo que me reafirma en mi sensación de haber hecho una buena compra. Desde luego leí una buena cantidad de reviews antes de dar el paso.
No nos engañemos, hace todo lo que se supone que una tablet ha de hacer. Dispensa internet en cualquiera lugar -a lo que ayuda su cómodo tamaño-, ofrece multimedia, los juegos de turno para los ratos muertos, cumple con precisión como navegador gps (comprobado) y permite leer y editar documentos de manera agradable (asumiendo que no es tinta electrónica, claro). Para todo lo demás está el ordenador, así lo entiendo yo. Acceder a pagar casi 700 machacantes por este mismo servicio me parece descabellado. Esta opción supone ahora mismo poco más de 160 euros, conviene al menos considerarla por un momento.
Acabo con dos aspectos mejorables:
- La apariencia de fábrica del Gingerbread que viene en la tablet no sólo me parece poco estética sino que además no es muy funcional. Instalar el Go Launcher Ex es casi obligado. No sólo hace totalmente configurable el apartado visual sino que el aparato gana en fluidez.
- El altavoz de serie no es muy bueno, suena metálico en muchas ocasiones. Descargar un ecualizador y jugar con sus valores puede solventarlo en parte.