Este disco, publicado en 2001, es ya un clásico en la discografía de Savall, que es como decir un clásico reciente. Las piezas "populares" son deliciosas. Encontramos entre ellas una "Gallarda Napoletana" (con Eliseo Parra al tambourin, en la que es, a mi entender, una de las pocas grabaciones, si no la única, en la que participa con el equipo de Savall) muy viva, alegre, estimulante; una Ciaccona de Falconiero de un exquisito contrapunto; o una Romanesca de Diego Ortiz dulce y amablemente tocada. La improvisación de los Canarios es antológica, pero claro, es que la música es en sí una pura delicia. Todas estas son piezas que Savall ha visitado de un modo u otro en distintas grabaciones. La sorpresa, para mí, se encuentra en los últimos cortes del disco. Especialmente, en la versión del famoso "Greensleves" (al que, por cierto, me recuerda bastante en algunos momentos la "Romanesca" de Diego Ortiz), y en la del no menos afamado "Kanon und Gigue" de Pachelbel, que jamás había escuchado a Savall. En ellas, Savall y el Hesperion XXI aportan una nueva visión, fresca y resplandeciente.
Todo el disco está adornado e interpretado al más puro estilo Savall.
Conclusión: Para los amantes de Savall, este disco es un goce de principio a fin. Para el resto, resultará un disfrute igualmente placentero, créanme.