Son tres velas con un soporte y un cable para poder cargarlo. La luz que arrojan es igual que la de una vela, muy tenue, no ilumina una estancia pero sí puede ser utilizada como quitamiedos o luz de referencia si nos solemos levantar por las noches; para cenas románticas o íntimas me parece perfecto. La luz que proyecta es exactamente igual que la de una vela, incluso parece que la llama vibra en ocasiones. Es un efecto perfecto, pero con la diferencia de que no te quemas, es de tacto frío, no se te acaba la cera y no tienes que andar preocupándote de apagarla antes de dormirte. Se encienden y se apagan con una leve inclinación de la vela.
La carga de cada vela aguanta como máximo 24 horas y se recarga sin problemas en el soporte durante otras 12.
En las instrucciones informa de que a partir de las 500 cargas va perdiendo calidad y que en condiciones normales aguantan unas 1.000 recargas, pasado este tiempo no se pueden reutilizar, hay que desecharlas rompiendo la vela que está en el interior del vídrio para poder extraer la batería y tirarla a un lugar de reciclaje. No obstante, imagino que será posible comprar recambios para volver a introducirlos en los vídrios. La quinta estrella se la quito por la imposibilidad de poder reutilizar la vela.
Yo estoy contenta con la compra.