Es ameno, en ocasiones tronchante y provocador. La metáfora feudal para la privatización de aspectos enteros de nuestra realidad tiene sentido, más si se argumenta que las actuales doctrinas económicas rechazan cualquier intento de previsión o de servicio y se conducen como teologías que se dejan llevar por fuerzas metafísicas. A mi entender el tema del discurso está muy bien llevado, pero es la tesis científica, la muerte de la economía, la que queda algo coja.