Después de las grandes expectativas abiertas por La Sombra del Viento, la aparición de El Juego del Ángel significó un cierto anticlímax. Me enfrenté pues a esta nueva entrega con una mezcla de curiosidad y temor.
Y resulta que El Prisionero del Cielo no es del mismo autor. Es de un tal Zafón 2.0
La primera novedad son los guiños al lector. En la línea de un Umberto Eco, se entra en el juego de las dobles referencias culturales y literarias para ampliar el campo con nuevas dimensiones y ganar mayor profundidad.
Se cambia también el registro, y sin abandonar totalmente los principios góticos, se limitan las facetas más tenebrosas y se avanza por una nueva línea. Para entendernos, más Víctor Hugo y menos Lovecraft.
Más cambios. En la manera de desarrollar la trama, Zafón ya ha comprobado que el método de tensar la cuerda de las emociones a la búsqueda de un crescendo continuo puede acabar colapsando la lectura. El Juego del Ángel supuso un punto de inflexión y un claro aviso para los abusos de esta estrategia.
Y, aquí, la sorpresa, el golpe de gracia. Cuando deja de forzar la palanca emotiva, permitiendo astutamente un cierto relajo, consigue atrapar desprevenido al lector, lo lleva de golpe al centro de la intriga y convierte la lectura en una guerra obsesiva para avanzar girando más páginas.
La nueva obra de Zafón, por el buen camino. Cuatro estrellas. La quinta, le está esperando tras la última cerradura de la puerta del Cementerio de los Libros Olvidados.