Ante un personaje de esta dimensión, y siendo una obra que se publica a las pocas semanas de su desaparición, uno no puede menos que ser escéptico sobre el grado de censura que contendrán esas páginas e, incluso, si no será directamente una obra de encargo por parte del propio Jobs, una vez que supo que su final se acercaba.
Sin embargo, se trata de un relato con gran interés, muy fácil de leer y que engancha desde la primera hasta la última página (y no es liviano, precisamente). Resulta apasionante el relato de las tres facetas que explican un éxito empresarial sin precedentes en la historia: carisma personal para convencer a cualquiera de cualquier cosa (su famosa zona de distorsión de la realidad), visión comercial (para revolucionar el mundo de la informática, la telefonía, la música y la animación) y capacidad empresarial para montar empresas como Apple o Pixar. Todo ello en unas cotas que probablemente nadie haya alcanzado antes, y muy difícilmente alcanzará nadie, al menos en los próximos 50 años.
Y, en paralelo a estas luces, la sombre de un retrato personal devastador: no se portó bien con sus padres adoptivos (a pesar de los enormes sacrificios que hicieron por darle una educación), ni con sus hijos (a su primera hija la abandonó y con el resto ejerció la paternidad sólo a ratos), ni con los amigos que empezaron su aventura al fundar Apple (a muchos de ellos no les habló durante años y a otros directamente no les impidió tener las opciones sobre acciones que les habrían solucionado su vida) ni con sus empleados (era, siendo generoso, un jefe despiadado cuyo único fin era exprimir al máximo a sus colaboradores, para lo que no dudaba en humillarlos, maltratarlos psicológicamente o, directamente, despedirlos en cuanto no cumplían su función).
Y, a pesar de tantas sombras sobre las luces, se trata de un personaje único y enormemente atractivo, porque lo que está claro es que hay un antes y un después del paso de Steve Jobs por nuestro mundo.