La trama de Aeternitas está estructurada como si una serie de televisión se tratase. Pasamos de unas escenas a otras con fluidez y en ningún momento el libro recae en descripciones excesivas o redundantes. El paso del testigo de unos personajes a otros recuerda a lo que hace R. R. Martín en Canción de Hielo y fuego, y más que buenos y malos, lo que Aeternitas muestra es un buen elenco de personajes, cada uno de ellos con sus conflictos propios. Así, empatizamos con cada uno de ellos en esta novela de lectura rápida que augura más de una continuación. Un autor a tener en cuenta.