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Una novela impactante., 21 de marzo de 2012
El hombre de Grafeneck es un prototipo de psicópata que desgraciadamente existe incluso entre nosotros. Vive en un universo de gente más o menos "normal" que vive su vida con más o menos zozobra. "El hombre de Grafeneck" es una novela que nos habla de uno de los sucesos más espeluznantes y que más nos tendrían que dar que pensar, ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial y en la actualidad, paralelamente. Nos lleva de la mano la línea argumental de el aprendizaje y evolución de un albañil que se convierte en oficial de la SS, servicios especiales del ejércitos alemán responsable de la gestión de los campos de exterminio, que no de concentración, que tanto han manchado la memoria de ese eficiente país. Eficiente hasta en la metodología de hacer desaparecer a miles de personas en un solo día. La otra vertiente argumental nos narra la relación entre un escritor y una dependienta que acaba de perder a su novio. Es una historia muy bonita que hace contrapunto a la otra historia, francamente horrible. Pero lo que más me ha impactado de este libro es la naturalidad con que fluye el discurso, cómo el protagonista no encuentra ni un atisbo de duda o arrepentimiento por las barbaridades que hace continuamente, siempre con un objetivo, nunca porque sí, y haciendo gala de una retórica y lógica que se presentan con naturalidad y claridad evidentes. El libro transcurre exponiendo dos historias paralelas separadas por sesenta años en el tiempo, que van confluyendo hasta un momento final que a mi juicio se podría haber resuelto algo mejor, pues ya sabréis por comentarios anteriores que para mí el final siempre es el punto más delicado de una historia: a veces ambiguo, a veces se deja en el aire, a veces se deja a la deducción del lector, o a veces, menos de las que me gustaría leer, se remacha con un toque final magistral, de fin de fiesta en que no cabe decir "esto es todo amigos", como decía Bugs Bunny, porque es totalmente evidente. Hay finales magistrales de diverso tipo, sean abiertos o cerrados, pero el de este no me acaba de convencer. Por eso no le he dado la quinta estrella. No obstante, debo afirmar, ciertamente, que es una novela magistralmente escrita, llevada con acierto por una serie de vericuetos argumentales que me han encantado, aunque el personaje principal no tenga nada de encantador', al contrario que los otros protagonistas, los "buenos", que son dos: un escritor mayor, Bernardo, y una encantadora dependienta de una boutique, de la que es dueña. Y un segundón, el inspector Manzaneque. En definitiva, que sí os lo recomiendo. Félix Jaime Cortés ha hecho un libro excelente que merece la pena de ser leído, porque tiene mucho fondo, y nos puede hacer pensar en la miseria del ser humano, y no sólo por lo que os he dicho más arriba, sino por la vileza de los "sonderkkomandos", que realizan trabajos que detestan por sentirse obligados, aún a sabiendas de que no por eso les van a perdonar, aunque dentro de esa vileza destaque la gallardía del soldado que, no pudiendo ejecutar una orden porque le quedan restos de humanidad, se pega un tiro en la boca al borde de una fosa común. La lógica del argumento de esta narración no pudo dejar de hacerme plantear que muchos de nuestros conciudadanos que dicen porque se dice y hacen porque se hace, en aquella situación o situaciones similares a aquella, seguramente hubiesen hecho, si no lo mismo que Lorenz Hackenholt o Wirth, sí lo que el ayudante italiano del primero, o Hastings, o el propio Unverhau. Frente a todos ellos se levanta, muy por encima desde un punto de vista moral, la figura gigante de Ilse, cuando decide que ya tuvo bastante de su marido y toma la repentina decisión de no volver a verle más, cosa que ejecuta con una decisión y facilidad que a mí me sorprendieron. Olé por ella. El paisaje no puede ser más tétrico: el castillo de Grafeneck, donde Lorenz hace su aprendizaje, Treblinka, Treblinka II, Belzec, San Sabba' Curiosamente sólo se cita una vez al más famoso de todos ellos, que curiosamente visité en dos ocasiones hace años: Oswicem, llamado en alemán Auschwitz. Por todo lo que antecede no puedo menos que felicitar a Félix Jaime Cortés por haber realizado una obra literaria tan redonda y tan digna de ser leída. :-)
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Una novela impactante.
El hombre de Grafeneck es un prototipo de psicópata que desgraciadamente existe incluso entre nosotros. Vive en un universo de gente más o menos "normal" que vive su vida con más o menos zozobra.
"El hombre de Grafeneck" es una novela que nos habla de uno de los sucesos más espeluznantes y que más nos tendrían que dar que pensar, ocurridos durante la Segunda Guerra Mundial y en la actualidad, paralelamente. Nos lleva de la mano la línea argumental de el aprendizaje y evolución de un albañil que se convierte en oficial de la SS, servicios especiales del ejércitos alemán responsable de la gestión de los campos de exterminio, que no de concentración, que tanto han manchado la memoria de ese eficiente país. Eficiente hasta en la metodología de hacer desaparecer a miles de personas en un solo día. La otra vertiente argumental nos narra la relación entre un escritor y una dependienta que acaba de perder a su novio. Es una historia muy bonita que hace contrapunto a la otra historia, francamente horrible.
Pero lo que más me ha impactado de este libro es la naturalidad con que fluye el discurso, cómo el protagonista no encuentra ni un atisbo de duda o arrepentimiento por las barbaridades que hace continuamente, siempre con un objetivo, nunca porque sí, y haciendo gala de una retórica y lógica que se presentan con naturalidad y claridad evidentes.
El libro transcurre exponiendo dos historias paralelas separadas por sesenta años en el tiempo, que van confluyendo hasta un momento final que a mi juicio se podría haber resuelto algo mejor, pues ya sabréis por comentarios anteriores que para mí el final siempre es el punto más delicado de una historia: a veces ambiguo, a veces se deja en el aire, a veces se deja a la deducción del lector, o a veces, menos de las que me gustaría leer, se remacha con un toque final magistral, de fin de fiesta en que no cabe decir "esto es todo amigos", como decía Bugs Bunny, porque es totalmente evidente. Hay finales magistrales de diverso tipo, sean abiertos o cerrados, pero el de este no me acaba de convencer. Por eso no le he dado la quinta estrella. No obstante, debo afirmar, ciertamente, que es una novela magistralmente escrita, llevada con acierto por una serie de vericuetos argumentales que me han encantado, aunque el personaje principal no tenga nada de encantador', al contrario que los otros protagonistas, los "buenos", que son dos: un escritor mayor, Bernardo, y una encantadora dependienta de una boutique, de la que es dueña. Y un segundón, el inspector Manzaneque.
En definitiva, que sí os lo recomiendo. Félix Jaime Cortés ha hecho un libro excelente que merece la pena de ser leído, porque tiene mucho fondo, y nos puede hacer pensar en la miseria del ser humano, y no sólo por lo que os he dicho más arriba, sino por la vileza de los "sonderkkomandos", que realizan trabajos que detestan por sentirse obligados, aún a sabiendas de que no por eso les van a perdonar, aunque dentro de esa vileza destaque la gallardía del soldado que, no pudiendo ejecutar una orden porque le quedan restos de humanidad, se pega un tiro en la boca al borde de una fosa común. La lógica del argumento de esta narración no pudo dejar de hacerme plantear que muchos de nuestros conciudadanos que dicen porque se dice y hacen porque se hace, en aquella situación o situaciones similares a aquella, seguramente hubiesen hecho, si no lo mismo que Lorenz Hackenholt o Wirth, sí lo que el ayudante italiano del primero, o Hastings, o el propio Unverhau. Frente a todos ellos se levanta, muy por encima desde un punto de vista moral, la figura gigante de Ilse, cuando decide que ya tuvo bastante de su marido y toma la repentina decisión de no volver a verle más, cosa que ejecuta con una decisión y facilidad que a mí me sorprendieron. Olé por ella.
El paisaje no puede ser más tétrico: el castillo de Grafeneck, donde Lorenz hace su aprendizaje, Treblinka, Treblinka II, Belzec, San Sabba' Curiosamente sólo se cita una vez al más famoso de todos ellos, que curiosamente visité en dos ocasiones hace años: Oswicem, llamado en alemán Auschwitz.
Por todo lo que antecede no puedo menos que felicitar a Félix Jaime Cortés por haber realizado una obra literaria tan redonda y tan digna de ser leída. :-)
Jesuo
21 de marzo de 2012
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