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2G N.50 Sou Fujimoto (2g Revista) (Inglés) Tapa blanda – 2 jul 2009


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Descripción del producto

Reseña del editor


Sou Fujimoto belongs to a new generation of young Japanese architects whose work has aroused enormous interest at the international level. After winning numerous prizes in both Japan and the rest of the world, Fujimoto has become a major presence on the Japanese architectural scene.

Unlike his contemporaries, Sou Fujimoto has not been trained through working in the office of any of the architects of wide experience and international renown-instead, after graduating from Tokyo University in 1994 he preferred to think about and test his personal ideas on architecture in small projects that have enabled him to develop a tremendously personal and distinctive architectural approach. His projects are the result of a sophisticated conceptual elaboration that subverts established models, one mainly based on two major concerns: what it means to dwell in a space in the 21st century and how that space is materialised without following any formal a priori.

Accordingly, innovation in Fujimoto's work does not proceed from a wish to generate disruptive forms, but from understanding the relationships between people and spaces in a different way, from taking complexity on board as an essential ingredient in his thinking and in his work, or from valuing intermediary space and nature.

Fujimoto manipulates these ideas, which reveal his preoccupation with the essence of dwelling, and transforms them into a new architecture of great spatial richness.

This number of 2G brings together the most emblematic buildings and projects by Sou Fujimoto, outstanding among which are the Children's Centre for Psychiatric Rehabilitation (Hokkaido), the Final Wooden House (Kumamoto), the Primitive Future House 2008 (Basel), the Apartment building (Tokyo), House Before House (Tochigi), House H (Tokyo), and the Library for Musashino Art University, (Tokyo). The two introductions to the monograph, written by Toyo Ito and Julian Worrall, provide us with the basic keys for understanding the richness of the Japanese architect's projects.

Extracto. © Reimpreso con autorización. Reservados todos los derechos.



Extracto de la primera introducción:

'Arquitectura teórica y sensorial: los experimentos radicales de Sou Fujimoto

por Toyo Ito

Sou Fujimoto pertenece a la generación más joven de arquitectos de Japón, pero sus obras ya alcanzan al mundo entero. Esto es así porque, incluso con proyectos tan pequeños que cabrían en la palma de la mano, su trabajo siempre cuestiona el significado esencial de la arquitectura: ¿Qué es la arquitectura? ¿Cómo debería la arquitectura relacionarse con la naturaleza? Para él, hablar de arquitectura es sinónimo de hablar del mundo.

Las obras de la nueva generación de arquitectos japoneses son, en general, blancas y abstractas, y contienen el mínimo de elementos posibles. Parecen perseguir el mundo de los espacios abstractos que está implícito en el “menos es más” de Mies, y esperan que se les valore en términos de su belleza minimalista. No obstante, la mayor parte de esas obras debería describirse como el resultado de una búsqueda de la destreza tecnológica más que como el resultado de una búsqueda contemplativa. Para los japoneses, la arquitectura tradicional de madera en estilo Sukiya persigue alcanzar una belleza pura a través de la eliminación de elementos, de modo que ese refinamiento nos resulta relativamente fácil de conseguir. Es más, el conocimiento heredado de las sofisticadas técnicas de construcción necesarias para su implementación nos otorga sin duda un gran poder. Sin embargo, creo que no existe futuro alguno para la arquitectura en la prolongación de la abstracción pura del siglo xx. Es más, la planeidad y frialdad obsesivas de ese tipo de refinamiento minimalista sólo conduce a la pérdida de la sensibilidad de la vida humana, y da lugar a una población cada vez más homogénea y aséptica. De hecho, tal homogeneización impregna profundamente a los habitantes de las grandes ciudades.

En apariencia, la arquitectura de Sou Fujimoto se inscribe también en la tradición del cubo blanco y puro, y parece pertenecer a la abstracción minimalista. Sin embargo, al experimentar sus obras se pone de manifiesto que se desmarcan en una dirección completamente distinta. Fujimoto está investigando cómo debería ser la arquitectura para restablecer la sensibilidad de la vida humana. Se podría decir que sus experimentos se dirigen hacia la recuperación de las interacciones humanas y el restablecimiento de relaciones primitivas entre las personas y la naturaleza.

Al ver su pequeña vivienda, la Casa T (2005), percibí esas intenciones. Esta casa de planta baja tiene una apariencia delicada, pocas aberturas en las fachadas, y ofrece una impresión de límites tranquilos -o, más bien, ambiguos-. Pero, tras la ambigua expresión del exterior se oculta un espacio interior increíble, que nunca habría esperado.

El interior, de aproximadamente 90 m2, tiene una apariencia austera. La mayoría de las zonas están separadas por tan sólo unos sencillos tableros de contrachapado de 12 mm de grosor. Estos tabiques irradian desde la fachada hacia el centro, subdividiendo el espacio en recintos para una familia de cuatro personas. Sin embargo, más que segregarse, todas las habitaciones están en un continuidad ambigua. Cada habitación establece una situación de semiapertura en continuidad con los otros espacios y, por tanto, no existe privacidad entre los miembros de la familia. Imagino que este resultado fue una victoria sobre la ansiedad respecto a las relaciones visuales mutuas. Pero los ángulos y las longitudes de las paredes dispuestas en todas direcciones han sido, en realidad, delicadamente considerados, y la sensación de distancia recíproca entre las habitaciones es de cercanía y lejanía a un tiempo. Es decir, que las distancias entre las personas y las relaciones que de ellas se derivan han sido controladas sutilmente por la extraordinaria sensibilidad del arquitecto. Si a cada uno de los miembros de una familia formada por cuatro personas se le concediera una habitación privada cerrada en tan sólo 90 m2, sería inevitable que el espacio de cada una de ellas resultara terriblemente oprimido. Y a la inversa, si todo quedase abierto a un espacio único, impondría un tipo de vida completamente desconcertante.

Situada entre estas dos soluciones, la propuesta de Fujimoto resulta extremadamente sensorial y simultáneamente teórica. A la vez que se tiene la sensación de seguridad y proximidad propia de una familia que habita un espacio -y también de nuestro origen animal-, la sensación de tensión en esta forma de vivir conlleva una ambigüedad que nunca surgiría de la lucidez del movimiento moderno, ya que es el resultado de utilizar las posibilidades sensoriales de todo el cuerpo. No pude evitar una fresca sensación de asombro ante lo que podría denominarse 'agudeza animal' en la sensibilidad de Fujimoto, que ha llevado la separación de estancias adyacentes por medio de sencillos tableros de contrachapado, de la frugalidad a la plenitud.

El placer de ver arquitectura reside en esas experiencias espaciales que no pueden preverse por adelantado a partir de los planos o las fotografías. A diferencia de la comprensión racional de la arquitectura, al recorrerla es el momento en que otra arquitectura se manifiesta y se experimenta con el cuerpo entero. Sin embargo, no quiero decir que tales momentos ocurran con frecuencia al visitar arquitectura. Son más bien raros. La arquitectura de Fujimoto es uno de los pocos ejemplos que siempre cautiva al cuerpo en su totalidad.

La Casa de madera definitiva, finalizada en 2008 en las montañas de la prefectura de Kumamoto, es otro claro ejemplo de ello. Un cubo de 8 m de lado, compuesto tan sólo por bloques de madera apilados, de sección cuadrada de 35 cm de lado, podría calificarse como el espacio mínimo para habitar. En lugar de considerar que está realizada mediante el apilamiento de bloques, tal vez sería más apropiado decir que el espacio mínimo interior se obtiene por la extracción de los mismos de dentro del cubo. Esto es así porque el espacio interior consiste en una espiral continua que se retuerce hacia arriba desde la entrada, con suelo, techo, pared y, no hace falta decirlo, todos los elementos arquitectónicos, como escaleras y mobiliario, formados mediante la misma pieza de madera. Las aberturas no son sino lugares en los que la madera está ausente. Para decirlo de otro modo, se trata de una cueva formada por la extracción de piezas de madera. No es más que el acto de reducir una casa a su estado más primitivo mediante la eliminación de sus elementos arquitectónicos.

Esta pequeña casa se ha creado para experimentar una forma de vida primitiva en la naturaleza, con los amigos y la familia y alejados de la ciudad. Ante una oportunidad como esta, Fujimoto desea indudablemente devolver a la gente la cabaña original, por medio de un espacio análogo a una cueva, sin apenas mobiliario, escaleras ni suelos. Así, este experimento resulta extremadamente teórico y conceptual.

Por otra parte, este experimento no está exento de riesgos, puesto que, incluso en la montaña, la gente, acostumbrada a nuestra moderna sociedad controlada, pedirá los mismos espacios que en una metrópoli segura y funcional. Fujimoto aceptó el reto de oponerse a la obsesiva homogeneidad de la vivienda moderna. Bajo estas duras condiciones, y sin duda gracias a su exquisita sensibilidad, toma forma de nuevo un proyecto que apenas podría entenderse como espacio habitable. El espacio interior resulta angosto hasta el límite. Uno no se puede mover a menos que retuerza su cuerpo. Pero incluso así, al establecer de forma extraordinaria los límites de la proximidad entre las personas, consigue enriquecer este pequeño espacio. (…)'

Copyright del texto: sus autores
Copyright de la edición: Editorial Gustavo Gili SL
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Excerpt from the first introduction:

'Theoretical and sensorial architecture: Sou Fujimoto’s radical experiments

by Toyo Ito

Sou Fujimoto belongs to the youngest generation of architects in Japan, but his works are already being conveyed to the wider world. That is because, even in those projects small enough to fit in the palm of your hand, his works always question the essential meaning of architecture: what is architecture? How should architecture relate to nature? For him, talking about architecture is synonymous with talking about the world.

The works of Japan’s younger generation of architects are generally white and abstract, comprising as few elements as possible. They appear to be pursuing the world of abstract spaces implied by Mies’s ‘less is more,’ and they hope to be evaluated in terms of their minimalist beauty. However, rather than the results of contemplative study, most of these works should be described as the results of the pursuit of technical skill. For Japanese people Sukiya-style traditional wooden architecture is intended to attain a pure beauty through the scouring away of elements. So such refinement is comparatively easy for us to achieve. Moreover, our inheritance of the superior building techniques necessary for its implementation undoubtedly contains great power.

However, I think that there is absolutely no future for architecture in the extension of 20th century-style pure abstraction. Instead, the obsessive flatness and coolness of that kind of minimal refinement just leads to the loss of vivacious human sensibilities, and produces ever more homogeneous, uninflected people. In fact, such homogenisation deeply permeates people living in large cities.

On the face of it, Sou Fujimoto’s architecture is also an extension of the pure white cube, and appears to belong to minimalist abstraction. However, the experience of his works reveals that they go off in a completely different direction. He is investigating the way architecture should be in order to restore vivacious human sensibilities. You could say that all his experiments are directed toward the recovery of mutual human relationships, and the restoration of primitive relationships between people and nature.

It was when I saw his small residence, House T (2005), that I sensed he had such intentions. This single-storey house displays a weak expression with few openings in the outer surfaces, and gives an impression of calm-or rather, of ambiguous edges. But concealed behind the ambiguous expression of the exterior is an incredible interior space, which I could have never anticipated.

The approximately 90 m2 interior has an austere appearance in which most parts are partitioned by nothing more than single sheets of 12 mm-thick plywood. These walls radiate from the exterior wall toward the centre, subdividing the space for a four-person family. However, rather than being shut off, each room has an ambiguous continuity. While in a half-open state, each room is continuous with the other spaces. In this kind of spatial subdivision there is no privacy between family members, and I imagine it was a victory over anxiety about mutual sightlines. But the angles and lengths of the walls turned in all directions have indeed been delicately considered, and the mutual sense of proximity between each room is both near and far. That is to say, the relationships with regard to the distances between people have been subtly controlled by the superlative sensitivity of the designer. Assuming a four-person family living within a mere 90 m2, if each person was provided with a closed private room, I can’t avoid feeling that every room would be terribly cramped. Conversely, opening it into a single space would impose a completely unsettling lifestyle.

Located in the interval between these two solutions, the proposal presented by Fujimoto is extremely sensorial and simultaneously theoretical. While feeling the sense of security and of holding your breath in the animalistic proximity of one family inhabiting one space, the sense of tension in this lifestyle has an ambiguity that would never arise from the lucidity of modernism, a result that is made possible by beginning to exploit the entire sensorial body. I could not help feeling a fresh sense of astonishment at what might be called an animalistic sharpness in Fujimoto’s sensitivity, which has transformed the separation of adjacent rooms by single sheets of plywood from frugality into plenitude.

The delight of seeing architecture lies in those spatial experiences that cannot be anticipated in advance from drawings and photographs. Differing from the conscious comprehension of architecture, this is the moment that another architecture is manifested and sensed with the entire body. However, that is not to say that such moments are frequent when visiting architecture. They are rather rare. Fujimoto’s architecture is one of the few examples that always appeal to the whole of the body.

The timber bungalow, Final Wooden House (2008), completed in 2008 in the mountains of Kumamoto Prefecture, is one such example. An 8 m cube consisting of nothing but stacked 35 cm-square wooden blocks, it could be called a minimum space for human habitation. Rather than being made by stacking, perhaps it is better to say that a minimal interior space has been obtained by scooping out wooden blocks from inside the cube. That is because the interior space is a continuous spiral that twists upward from the entrance, with the floor, wall, roof and, needless to say, all the architectural components such as stairs and furniture assembled from same-sized pieces of wood. The openings are nothing more than areas where this wood is missing. To put it another way, this is a cave made by scooping out pieces of wood. It is no more than the act of reducing a house to its most primitive state by erasing the architectural components.

This small house has been established in order to experience a primitive lifestyle within nature, together with family and friends, far removed from the city. Given such an opportunity, undoubtedly he wants to return people to the original hut by means of a cave-like space almost without furniture, stairs, and floors. Accordingly, this experiment is extremely theoretical and conceptual.

On the other hand, however, this experiment involves risks. Even in the mountains, people who have become accustomed to our controlled modern society will demand the same living spaces as in a safe, functional metropolis. He might have decided to take up the challenge of the obsessive homogeneity of the modern dwelling. Under these harsh conditions, that this project just barely becomes a living space is again surely due to his exquisite sensitivity. The internal space is certainly cramped to the utmost. You cannot move unless you twist your body. But even here, by superbly establishing the limits of proximity between people, he has succeeded in enriching this small space. (...)'

Copyright of the text: the authors
Copyright of the edition: Editorial Gustavo Gili SL

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