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Picnic En Hanging Rock 3ヲed (Impedimenta) Tapa blanda – Versión íntegra, 29 oct 2010

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Descripción del producto

Críticas

Recomendación de Librosyliteratura.es, escrita por Javier Barrero
Picnic en Hanging Rock, de Joan Lindsay

Una extraordinaria novela de culto en la que realidad y ficción se funden alrededor de un fascinante misterio.

Picnic en Hanging Rock es la crónica de la desaparición de cuatro alumnas y una profesora del exclusivo Colegio Appleyard para señoritas durante un almuerzo campestre el día de San Valentín del año 1900.  A pesar de que no se sabe a ciencia cierta si los hechos narrados son reales o no –un misterio alentado por la propia autora–, o precisamente por eso, cada 14 de febrero una legión de seguidores de esta obra acude en peregrinación a Hanging Rock, una impresionante formación rocosa situada a unos 70 kilómetros de Melbourne, en busca de evidencias que corroboren las más estrafalarias teorías sobre el destino de las desaparecidas.

Tengo que reconocer que eso de que un libro venga precedido por su fama de “novela de culto” me producía una cierta desconfianza.  Quizá sea porque en este país no tenemos mucha tradición en este tipo de fenómenos, y menos en el mundo de la literatura, pero temía que al final la popularidad de la novela se debiera más al mito que se ha creado alrededor que a la calidad de la obra.  Como siempre que no me dejo llevar por mis prejuicios, me llevé una grata sorpresa: Picnic en Hanging Rock no es una buena novela, es una novela magnífica.

Imaginemos la escena.  Amanece un radiante día de San Valentín; tamizada por los visillos, la cálida luz del verano australiano inunda las habitaciones de una mansión anclada en la época victoriana, despertando a las niñas que corren nerviosas a intercambiar tarjetas llenas de corazones pintados a mano y encajes.  Pero las felicitaciones no son el único motivo de excitación de las alumnas de este trasnochado colegio para señoritas de buena familia: hoy se van de picnic a Hanging Rock.  Menos interesadas en las asombrosas formaciones geológicas que en escapar por unas horas de los agobiantes muros del colegio –y de la no menos asfixiante disciplina de la directora Appleyard–, las alumnas se preparan: ligeros vestidos blancos de muselina, sombreros de paja con cinta y lazos, muchos lazos.

Pero la agradable excursión termina en tragedia cuando cuatro de las niñas y una profesora desaparecen en la maraña de vegetación que rodea las agrestes peñas.  Una de las chicas, la más joven, regresa al cabo de unas horas, aterrorizada y conmocionada hasta tal punto que no es capaz de recordar nada de lo sucedido.  Y no hay mucho más; a partir de esos sencillos hechos el misterio de Hanging Rock irá creciendo en la imaginación popular, afectando a todos sus protagonistas.

Supongo que estarán pensando que me callo algo para no fastidiarles el argumento, porque unas niñas perdidas en el bosque, por más que sea una terrible desgracia, es algo casi cotidiano que si no da para escribir una novela de intriga, no digamos para crear un mito con seguidores que cada año viajan al lugar de los hechos en busca de una explicación.  Pero créanme, el misterio de Hanging Rock se reduce a poco más que la desaparición.  ¿Dónde está entonces el truco?  ¿Dónde reside la fascinación que produce esta historia?

Está en lo que no se cuenta, en lo que Joan Lindsay sugiere y el lector imagina.  Gracias a un magistral dominio del ritmo de la narración, el lector cae atrapado desde la primera página y ya no puede zafarse hasta el final.  Lo más sorprendente es que la autora no recurre a ninguno de los recursos habituales para crear suspense; a ella le basta con salpicar una narración perfecta con unos pocos detalles aparentemente intrascendentes, apenas perceptibles, que siembran la inquietud en el lector y abren las puertas de su imaginación.

Por otra parte, Joan Lindsay consigue el equilibrio perfecto entre realidad y ficción, de modo que es casi imposible determinar si Picnic en Hanging Rock se trata de una crónica novelada o de una ficción realista.  La autora administra esta ambigüedad con tal pericia que, a pesar de no existir ninguna prueba documental de lo narrado más allá de la autenticidad geográfica del escenario, mucha gente está convencida de que los hechos no solo sucedieron realmente, sino que además el texto de Joan Lindsay oculta claves enigmáticas que esperan que alguien las descifre.

Quizá el secreto de Picnic en Hanging Rock sea que, a pesar de tener un misterio como eje de la narración, no es una novela de misterio.  De hecho, en lugar de tratar de esclarecer el enigma, Joan Lindsay se centra en contar cómo la desaparición de las niñas y la profesora se extiende como una maldición, como una nube ominosa que lentamente cubre toda la comarca, en especial el Colegio Appleyard, e impide a sus habitantes ver cómo se precipitan hacia el fin.  Del mismo modo que la montaña se traga a las niñas sin dejar rastro, el naciente siglo XX va a engullir sin piedad al mundo anacrónico al que se aferra la pequeña comunidad que rodea al colegio, y los hechos de aquel fatídico San Valentín van a ser el detonante.  Es el final de una época: de muy poco van a valer la educación refinada y el forzado candor de las niñas del Colegio Appleyard en terrible siglo que comienza.

Ahora entiendo la fascinación que ha producido Picnic en Hanging Rock en los lectores anglosajones durante cuarenta años.  Estamos ante una novela extraordinaria, de ritmo perfecto, cuya deslumbrante sencillez oculta una trama inteligente.  Además, el magnífico retrato de los caducos ambientes victorianos apenas disimula la irónica crítica de la autora, que estudió en un colegio similar.  Parece increíble que se haya tardado cuatro décadas en traducirlo al español y publicarlo.  Si esta joya estaba ahí, esperando a que un editor que confíe más en su sensibilidad que en los estudios de márquetin se decidiese a publicarlo en español, ¿cuántas agradables sorpresas más nos esperan?

Me siento tentado de no hablar demasiado bien de Picnic en Hanging Rock para que, cuando la lean, se lleven una sorpresa tan agradable como la que yo me llevé, pero entonces estaría faltando a la verdad.  Esta novela de Joan Lindsay es uno de los libros más recomendables del año.  Léanla y, quién sabe, a lo mejor nos vemos el año que viene, el 14 de febrero, en los acantilados de Hanging Rock.

Reseña del editor

Febrero de 1900. Un grupo de alumnas del selecto colegio Appleyard para señoritas se dispone a celebrar un picnic el día de San Valentín. Lo que empieza siendo una inocente comida campestre se torna en tragedia cuando tres niñas y una profesora desaparecen misteriosamente entre los recovecos de Hanging Rock, un imponente conjunto de rocas rodeado de la salvaje y asfixiante vegetación australiana. La única chica que logra regresar, presa de la histeria, no recuerda nada de lo sucedido. Considerada una de las más desazonantes novelas de culto de la literatura anglosajona, «Picnic en Hanging Rock» dio lugar a una aclamadísima película de Peter Weir, que contribuyó a incrementar el éxito de una obra ya mítica. Jamás se reveló si los hechos narrados fueron reales o no, y ese ambiguo e intrigante juego alentó la aparición de una legión de seguidores que afirmaban conocer lo ocurrido aquel aciago día de San Valentín en el sobrecogedor paisaje de Hanging Rock.

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2 de septiembre de 2018
Formato: Tapa blanda
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12 de marzo de 2019
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